Quienes
Somos:
El
mensaje de Cristo ha llegado a nuestro corazón, desde
siempre. Inspirados en nuestro querido PADRE ALBERTO HURTADO,
San Francisco de Asís y la madre Teresa de Calcuta que
nos invitan a acercarnos al pobre para vivir la experiencia
directa con Cristo Resucitado y Sufriente.
Hemos comprendido el verdadero sentido de la Doctrina Social
de la Iglesia y palpado las bienaventuranzas de Nuestro Señor
Jesucristo: " Felices los pobres de espíritu, porque
de ellos es el reino de los cielos ".
Desde hace años, hemos repartido comida a nuestros hermanos
los más pobres de los pobres que viven en situación
de calle. Recorriendo, cada sábado, los rincones del
Santiago nocturno y llevando un plato de comida caliente y una
taza de café. Entregando una ropa limpia, un remedio
necesario, una frazada oportuna en invierno y... una palabra
cristiana de esperanza y cariño. En otras ocasiones,
los hemos invitado a participar del cariño acogedor de
las Hospederías del Hogar de Cristo o de la necesaria
asistencia en las Salas de Enfermos.
Hoy, con indisimulada pero humilde satisfacción, hemos
sentido en nuestras narices y en nuestro estómago, el
mismo sentimiento del padre Hurtado cuando recorría las
calles de la ciudad. Pero como siempre "hay un dolor que
mitigar" no hemos querido bajar los brazos ni sentirnos
cansados de trabajar por nuestros pobres.
Pero, de acuerdo con nuestra experiencia en las calles, donde
vemos que hay hermanos nuestros que les llegaron el mensaje
de esperanza y desean (y pueden) salir de la situación
de indigencia en que se encuentran. Muchos tienen una historia
de familia, de trabajo, de esfuerzo que les permiten rehabilitarse
a una nueva vida retomando valores cristianos y sólo
necesitan un pequeño apoyo, retomar la esperanza perdida
y la autoestima.
El sentido de la situación de calle conlleva una etapa
transitoria perdida de un alojamiento propio y estable, pues
lleva a habitar un sitio eriazo, un lugar publico o privado,
una hospedería solidaria o particular, una caleta, etc
cuya finalidad es pasar esa etapa temporal de extrema carencia
a una más humana, etapa que puede durar días o
años ( no se ha reconocido alguna experiencia permanente)
Por tanto, nuestra labor en las calles va más allá
de un trabajo asistencial. Implica un devolver a la persona
en situación de calle un sentido de dignidad al verlos
como hijos de Dios, como hermanos nuestros, como iguales en
donde no han podido aprovechar las oportunidades o sencillamente
la sociedad no les ha dado esa oportunidad.